jueves, 28 de octubre de 2010

La depresión es un trastorno, ya sea desde la psicopatología o desde la psiquiatría. La psiquiatría la describe como trastorno del estado de ánimo y su síntoma habitual es un estado de abatimiento e infelicidad que puede ser transitorio o permanente.

El término médico hace referencia a un síndrome o conjunto de síntomas que afectan principalmente a la esfera afectiva: la tristeza patológica, el decaimiento, la irritabilidad o un trastorno del humor que puede disminuir el rendimiento en el trabajo o limitar la actividad vital habitual, independientemente de que su causa sea conocida o desconocida. Aunque ése es el núcleo principal de síntomas, la depresión también puede expresarse a través de afecciones de tipo cognitivo, volitivo o incluso somático.

En la mayor parte de los casos, el diagnóstico es clínico, aunque debe diferenciarse de cuadros de expresión parecida, como los trastornos de ansiedad. La persona aquejada de depresión puede no vivenciar tristeza, sino pérdida de interés e incapacidad para disfrutar las actividades lúdicas habituales, así como una vivencia poco motivadora y más lenta del transcurso del tiempo. Su origen es multifactorial, aunque hay que destacar factores desencadenantes tales como el estrés y sentimientos (derivados de una decepción sentimental, la contemplación o vivencia de un accidente, asesinato o tragedia, el trastorno por malas noticias, pena, y el haber atravesado una experiencia cercana a la muerte). También hay otros orígenes, como una elaboración inadecuada del duelo (por la muerte de un ser querido) o incluso el consumo de determinadas sustancias (abuso de alcohol o de otras sustancias tóxicas) y factores de predisposición como la genética o un condicionamiento educativo. La depresión puede tener importantes consecuencias sociales y personales, desde la incapacidad laboral hasta el suicidio. Desde la biopsiquiatría, a través de un enfoque farmacológico, se propone el uso de antidepresivos. Sin embargo los antidepresivos sólo han demostrado ser especialmente eficaces en depresión mayor/grave (en el sentido clínico del término, no coloquial)

El término en psicología de conducta hace referencia a la descripción de una situación individual mediante síntomas. La diferencia radica en que la suma de estos síntomas no implica en este caso un síndrome, sino conductas aisladas que pudieran si acaso establecer relaciones entre sí (pero no cualidades emergentes e independientes a estas respuestas).

Así, la depresión no sería causa de la tristeza ni del suicidio, sino una mera descripción de la situación del sujeto. Pudiera acaso establecerse una relación con el suicidio en un sentido estadístico, pero tan sólo como una relación entre conductas (la del suicidio y las que compongan el cuadro clínico de la depresión). Es decir, en este sentido la depresión tiene una explicación basada en el ambiente o contexto, como un aprendizaje desadaptativo.

soledad

Puede tener origen en diferentes causas, como la propia elección del individuo, una enfermedad contagiosa, hábitos socialmente inaceptados u otras como la situación social o laboral del individuo.

La soledad durante períodos cortos es a veces valorada como un momento en el que trabajar, pensar o descansar sin ser distraído. Puede también buscarse por privacidad. Por otra parte, la soledad durante períodos más largos suele ser vista como desagradable, causando aislamiento y reclusión, resultado de una incapacidad de establecer relaciones con los demás. Sin embargo, para alguna gente no es algo deprimente: los monjes la ven como una forma de iluminación espiritual.

Debe hacerse una distinción entre la soledad física y mental. Un individuo puede buscar soledad física para eliminar distracciones y concentrarse o meditar más fácilmente. Aun así, no es el fin en sí mismo, y una vez se alcanza suficiente capacidad para ignorar las distracciones, la gente se vuelve menos sensible a las mismas y puede mantener la concentración.

Alguna gente muy entrenada (p.e. los monjes budistas) pueden alcanzar altos niveles de concentración a pesar de las circunstancias externas. Dicha gente no desea interacción con el mundo físico: su atención es su mundo, al menos ostensiblemente.
Los síntomas de soledad impuesta frecuentemente incluyen ansiedad, alucinaciones, o incluso distorsiones de la percepción y el tiempo. Los jóvenes suelen adaptarse mejor a la soledad que las personas mayores. Estudios en este campo han sido realizados en la Universidad de McGill en Montreal, Canadá





Tipos
Hay dos tipos de aislamiento en las personas. Se conocen como aislamiento protectivo, y aislamiento infeccioso. La principal diferencia es que uno es voluntario, mientras que el otro no.

El aislamiento protectivo es el que se busca en experimentos y pruebas. Se puede distinguir porque uno puede decidir abandonar la prueba y por tanto el aislamiento. Uno puede prepararse para él, y generalmente no es algo negativo. (En muchas ocasiones, hay una compensación al sujeto por su tiempo en el experimento.)
El aislamiento por enfermedad no proporciona beneficios para el individuo que lo padece, y no puede uno prepararse para él. Por tanto, no es deseable, además de poco frecuente.
El aislamiento emocional es un término utilizado para describir el estado en el que el individuo está emocionalmente aislado, a pesar de tener una red social normal.

ORIGEN Y PRINCIPIOS DE LA CONDUCTA AGRESIVA

No se puede hablar propiamente de "conducta agresiva" como si se tratase de una única forma de conducta, sino de distintas formas de agresión. La agresividad puede expresarse de muy diversas maneras y no son rasgos estables y constantes de comportamiento, por lo que debemos tener en cuenta la situación estímulo que la provoca.

Frecuentemente, la violencia es una forma de comunicación social, en cuanto a que tiene una probabilidad muy alta de amplificar la comunicación, pudiendo servirle al violento, entre otras cosas, para la afirmación y defensa de la propia identidad.

¿Existen las personalidades agresivas?. Si tenemos en cuenta las definiciones propuestas por el DSM-IV y el CIE 10, las conductas agresivas son un tipo de trastorno del comportamiento y/o de la personalidad, que trasciende al propio sujeto. Parece haber una gran estabilidad o consistencia longitudinal en la tendencia a mostrarse altamente agresivo con independencia del lugar y del momento.
Aunque la agresividad puede tomar diversas formas de expresión, siempre tendrá como característica más sobresaliente el deseo de herir.

 El agresor sabe que a su víctima no le gusta lo que está haciendo y, por tanto, no tiene que esperar a que el grupo evalúe su comportamiento como una violación de las normas sociales, sino que la víctima ya le está proporcionando información directa sobre las consecuencias negativas de su acción, lo cual hace que, con frecuencia, se refuercen y se mantengan esas mismas conductas. Es lo que se conoce como "Agresividad hostil o emocional”, y habrá que distinguirla de otro tipo de conducta agresiva que no tiene la finalidad de herir, la llamada "Agresividad instrumental", que es "la que sirve de instrumento para...". Es por ello, que hay que distinguir los agresores con orientación instrumental, que suelen ser aquellos que quieren demostrar ante el grupo su superioridad y dominio, de los agresores hostiles o emocionalmente reactivos, aquellos que usan la violencia porque se sienten fácilmente provocados o porque procesan de forma errónea la información que reciben y, además, no cuentan con respuestas alternativas en su repertorio. No son frecuentes los comportamientos agresivos mixtos, es decir, los que reúnen ambas condiciones.

Existen diversas teorías acerca de la agresividad, cada una de las cuales contribuye a explicar una dimensión del fenómeno. En 1983, Mackal efectuó una clasificación según el elemento que considera determinante para su formulación y las englobó en 6 epígrafes:

Teoría Clásica del Dolor: el dolor está clásicamente condicionado y es siempre suficiente en sí mismo para activar la agresión en los sujetos (Hull, 1943; Pavlov, 1963). El ser humano procura sufrir el mínimo dolor y, por ello, agrede cuando se siente amenazado, anticipándose así a cualquier posibilidad de dolor. Si en la lucha no se obtiene éxito puede sufrir un contraataque y, en este caso, los dos experimentarán dolor, con lo cual la lucha será cada vez más violenta. Hay, por tanto, una relación directa entre la intensidad del estímulo y la de la respuesta.

Teoría de la Frustración (Dollard, Miller y col., 1938): cualquier agresión puede ser atribuida en última instancia a una frustración previa. El estado de frustración producido por la no consecución de una meta, provoca la aparición de un proceso de cólera que, cuando alcanza un grado determinado, puede producir la agresión directa o la verbal. La selección del blanco se hace en función de aquel que es percibido como la fuente de displacer, pero si no es alcanzable aparecerá el desplazamiento.
Teorías Sociológicas de la Agresión (Durkheim, 1938): la causa determinante de la violencia y de cualquier otro hecho social no está en los estados de conciencia individual, sino en los hechos sociales que la preceden. El grupo social es una multitud que, para aliviar la amenaza del estrés extremo, arrastra con fuerza a sus miembros individuales
.

La agresividad social puede ser de dos tipos: individual, es fácilmente predecible, sobre todo cuando los objetivos son de tipo material e individualista, o bien grupal. Esta última no se puede predecir tomando como base el patrón educacional recibido por los sujetos, sino que se predice por el referente comportamental o sujeto colectivo, el llamado "otro generalizado", al que respetan más que a sí mismos y hacia el cual dirigen todas sus acciones.

enojo


La Ira y el Odio
En la psicología contemporánea y más especialmente en el enfoque conductista, existen cuatro emociones básicas que rigen el comportamiento del hombre como ser biosicosocial: El placer, el amor, el miedo y la ira, siendo esta última una de las más perniciosas para el ser humano.

Estas emociones están ligadas a la afectividad y en el caso específico de la ira (conocida también como rabia), está relacionada con el desagrado. No hay estado afectivo neutro y no hay sentimiento o emoción que no tenga su compañero contrario. En este caso, lo contrario de la alegría es la ira.

La ira es el sentimiento de desagrado que una persona tiene ante una circunstancia determinada, que le impide actuar de forma serena produciendo alteraciones de la conducta que llegan a ser extremas.

¿Cómo se manifiesta?

 



La persona sufre trastornos fisiológicos significativos que afectan las vísceras, el sistema nervioso y en especial, la actividad cerebral. La sangre se agolpa, el corazón salta, la garganta se anuda, la boca se seca, el sudor brota, las manos y las piernas tiemblan. Por lo general, la persona iracunda sufre una contracción del rostro, acompañada de una mímica que manifiesta estupor y rabia a la vez. Cuando habla aumenta el tono de la voz, esta conducta emocional -más comunmente- va acompañada de una tendencia exagerada a la gesticulación y en la mayoría de los casos, termina cuando se genera una respuesta violenta ante el estímulo que la provocó.

Hay quienes opinan que la ira, al igual que otras emociones, es innata y congénita, pero estudios más recientes apuntan hacia el hecho de que lo único innato y congénito es la respuesta de los individuos ante las situaciones desagradables que, a través de procesos de maduración y de aprendizaje, se van haciendo diferentes en cada persona.

La ira está muy relacionada con los fracasos, frustraciones y conflictos del hombre. Ahora bien, hay que tener en cuenta que no existen personas que alguna vez no hayan tenido un fracaso. Muy por el contrario, estos son necesarios en el proceso de aprendizaje del hombre.

En la actualidad, se puede apreciar con facilidad, cómo la ira se ha instalado en los ciudadanos de las diferentes clases sociales quienes, debido a las circunstancias por las cuales está atravesando nuestro país, culpan a otros de situaciones de miseria, marginalidad, desempleo, falta de educación, etc., que pudieran estar transitando en un momento determinado. Esta ira contenida genera situaciones de violencia en muchos casos y en los que no, lleva a los individuos a alimentar odios y resentimientos.

¿Qué es el odio?

El odio es el producto de resentimientos y generalmente se define como el sentimiento contrario del amor. En el amor se desea el bienestar para la persona amada. En el odio, el deseo de malestar es lo que está presente. Heráclito lo definió como el amor invertido. La persona que odia manifiesta una conducta hostil, agresiva y repulsiva contra la persona objeto de su odio.

Las personas abrigan odios en su interior a causa de haber sufrido en su vida frustraciones y situaciones adversas que no pudieron superar por diferentes circunstancias. Es el caso de personas que no consiguen perdonar a sus padres porque cuando eran niños, estos tuvieron con ellos conductas altamente represivas e incomprensivas. También es el caso de la persona que sufrió un divorcio o separación traumática y vive odiando a quien fuera su pareja.

Estas personas viven responsabilizando a los demás de sus fracasos y recreando sus problemas con amigos y familiares. Tienen un permanente sentimiento de que el mundo está contra ellas y no entienden que tuvieron responsabilidad en las situaciones adversas que vivieron. Por lo general, les cuesta olvidar lo que "supuestamente le hicieron" y por ende, el perdón no tiene cabida en su vocabulario.

Estudios recientes han demostrado que las personas que guardan odios y resentimientos, los somatizan llegando a sufrir enfermedades tan graves como el cáncer. También se ha determinado que parte importante de la cura de esta enfermedad, depende en gran medida de que las personas comiencen a realizar un trabajo interno que les permita olvidar y dejar atrás, las supuestas causas que les obligaron a sentir odio hacia los demás.

Edmundo Chirinos, reconocido psiquiatra venezolano nos explica que en el caso de la ira la causa original es el miedo. "El miedo es una emoción tan primaria que el hombre la experimenta desde que nace y reacciona ante él con manifestaciones de rabia. De modo que podría decirse que el miedo precede a la ira".

El hombre tiene en el cerebro la misma estructura que posee cualquier mamífero superior y que le permite experimentar las emociones básicas.

"A través de los procesos de aprendizaje, el niño es satisfecho en casi todas sus apetencias pero, como es natural, empieza a ser restringido en algunas. Cuando esto sucede, comienza a manifestar reacciones de ira. Con el paso del tiempo, será más propenso a tener reacciones de ira o de amor, dependiendo del manejo que los padres hagan de esta circunstancia. Si son positivas como en el caso del amor, también se dan respuestas emocionales, que no se diferencian en mucho de las reacciones fisiológicas de la ira, sólo que los centros nerviosos que regulan una u otra emoción son diferentes y en el hombre están perfectamente identificados". Están en una región del lóbulo temporal y descargan a través del cerebro. En el caso de la ira, si son estimulados se desarrollará un respuesta de rabia, produciendo una movilización gestual, anatómica, fisiológica de sus estructuras corticales y subcorticales.

Dependiendo de la capacidad que tenga la persona de expresar sus emociones, más la potencialidad cerebral que posea para ser iracundo, el individuo podrá llegar a ser un neurótico constantemente irritado.

"La cascada de reacciones fisiológicas que se produce en un momento de ira es altamente negativa y se debe a un conjunto de neurotransmisores, que genéricamente se llaman adrenérgicos, en los que se incluye la dopamina y la serotonina. Cuando se acumulan sin descarga, generan ira".

Se discute mucho si este conjunto de neurotransmisores, que tiene acción sobre otros centros, al ser reprimidos terminan por alterar otras estructuras cerebrales que tengan que ver con la circulación, la respiración, los centros hormonales, (en el caso de las mujeres, con los ciclos ováricos) y generen problemas artríticos, cardiovasculares e hipertensivos, entre otros. En líneas generales, la descarga neurotransmisora y hormonal de la ira y del odio es muy parecida en ambas.

Ira y odio ¿Son iguales?

A juicio de Chirinos, el odio es consecuencia de la ira. "Dependiendo del grado de descarga de la rabia, tendremos a un sujeto violentamente iracundo, en donde la ira tiene una expresión inmediata, o por el contrario, si no tiene capacidad expresiva o si no procesa las causas de su ira, no las racionaliza, no las metaboliza, tendremos a un individuo que acumula sus rabias. Surge entonces, el resentimiento, mejor conocido como odio".

La persona nunca tiene una certeza de por qué odia, ya que las causas originales pasan a ser inconscientes. Ese odio puede ser tan complejo, que no solamente está dirigido a la persona o situación que originalmente determinó la ira y luego la represión de la misma. También se generaliza a todo un entorno. "Tenemos entonces personas que odian muchas cosas y que viven constantemente resentidas contra la vida, hasta el punto de querer llegar a morir".

La diferencia esencial entre la ira y el odio, es que la ira es un fenómeno explosivo desencadenado casi simultáneamente a la situación que la genera. En el odio hay una represión de la ira, una acumulación de sentimientos o situaciones negativas y descargas de menor intensidad y sobretodo difusas.

Es tarea del terapeuta, enseñar a la persona a detectar cuáles son los orígenes de su odio, la irracionalidad y hasta el carácter absurdo de su resentimiento.

"Una persona que descargue constantemente y por cualquier motivo su ira, es una persona desadaptada, porque la consecuencia de la descarga de sus reacciones de rabia, puede generar en las víctimas, respuestas que incrementen el sentimiento de odio".

¿Qué hacer?

Lo deseable es que quienes reaccionan con ira ante una situación determinada, identifiquen y entiendan las causas que la generaron y sean capaces de controlarla y manejarla adecuadamente.

La terapia enseña como se puede lidiar con la rabia o el odio, de un modo tal que no lesione los sentimientos, los valores o la autoestima de la persona que motiva estas emociones. Lo ideal es hacerlo de una forma lo suficientemente exitosa para que la otra persona sienta que está siendo criticada o que es objeto de un reclamo, sin ser agredida.


Es importante aprender a descargar la rabia pero no de un modo violento, porque a la postre, podemos generar todo un entorno reactivo de negatividad para nosotros mismos.

"Existe un conjunto de actividades en donde la meditación, la práctica religiosa, la oración, pueden llevar calma al paciente en los momentos pico, antes de que se desencadenen las reacciones de ira. Existen muchas técnicas en donde se hacen estas prácticas de manera normal. Pero, mientras no cambie el mundo externo y no cambie la crítica situación del país, seguirán sucediéndose descargas de ira irracional. Lo importante es tratar de lograr una autocontrol efectivo, en donde a pesar de los estímulos agresivos, las personas puedan lograr paz anímica y espiritual, que por supuesto supone un equilibrio cerebral".

locura

Se designó como locura

hasta final del siglo XIX a un determinado comportamiento que rechazaba las normas sociales establecidas. Lo que se interpretó por convenciones sociales como locura fue la desviación de la norma (del latín vulgar delirare, de lira ire, que significaba originalmente en la agricultura "desviado del surco recto"), por culpa de un desequilibrio mental, por el cual un hombre o una mujer padecía de delirios enfermizos, impropios del funcionamiento normal de la razón, que se identificaban por la realización de actos extraños y destructivos. Los síntomas de ciertas enfermedades, como la epilepsia u otras disfunciones mentales, fueron también calificados de locura.

El concepto de "locura" fue empleado en Europa históricamente en diferentes contextos con diferentes significados, que retrospectivamente se sabe que correspondían a fenómenos distintos, que en la historia de la medicina se encuentran pobremente definidos y que en ocasiones eran incluso contradictorios. La cuestión de qué variaciones respecto a la norma eran aceptadas como "extravagancias" y cuáles como locura podía depender de la región, la época o las circunstancias sociales del sujeto. No fue hasta la aplicación de la nosología moderna cuando se delimitaron los diferentes fenómenos denominados hasta entonces como locura. La locura, en términos clínicos puede ser entendida como una forma de esquizofrenia e incluso como un sinónimo.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Los sentimientos en la crianza de los niños

Los sentimientos en la crianza de los niños
Son tantas las veces que escuchamos que un niño o niña dice sentirse no querido. Y esto
a pesar de que los padres lo quieran como a nadie en el mundo. Paradojal.
Cabe preguntarse cómo ocurre esto. Cómo se distorsionan o enredan tanto los mensajes para
que lo que queremos transmitirles a nuestros hijos e hijas no les llegue.
Uno de los aspectos es el que discutiremos en esta ocasión: no siempre les decimos lo que
sentimos de manera clara y directa. Es decir, muchas veces mezclamos las cosas y les
decimos a los niños o niñas que no los queremos si se portan mal, que nos hacen sufrir
sacándose malas notas, que su mal genio nos hace a nosotros ponernos tristes, etc. Cuando la
verdad es que los queremos igual, pero tal o cual actitud o conducta de ellos nos desagrada,
nos molesta, nos pone tristes o de mal humor y no somos capaces de expresarlo de manera
adecuada. Lo que deberíamos decirle, y recalcarle al menor es que lo queremos igual, que
nuestro cariño es incondicional y que por lo mismo queremos modificar esa conducta o
actitud y se la señalamos.
Lo mismo ocurre cuando estamos tristes o enojados por algo que no tiene directa relación con
los hijos y ellos nos ven y nos preguntan qué nos ocurre. Muchos padres - por evitarles una
preocupación a los hijos - dicen que no les pasa nada, que tienen los ojos rojos porque les
entró una mugre al ojo, o que no están furiosos con nadie ni nada, que es solo imaginación.
Entonces, los niños, que no son tan despistados, se quedan en silencio llenando su cabeza de
fantasías respecto a lo que pudiera estarle ocurriendo a su madre o padre.
La fantasía de los niños por lo general supera la realidad y además como los pequeños son
autoreferentes, creen que ese estado de los padres es por algo mucho más terrible que lo que
realmente es y que ellos tienen alguna responsabilidad al respecto.
Es importante hacer partícipe a los niños de que todos tenemos distintos estados de ánimo en
diferentes momentos y por diferentes razones. Que hay diversos sentimientos y que podemos
compartirlos en familia, que eso puede hacernos sentir mejor. No se trata de contarles todo lo
que nos sucede, pero si adecuar las respuestas y explicarles que tuvimos un mal día en el
trabajo, que eso nos tiene más irritables, o que estamos tristes porque tenemos tal o cual
problema, que estamos buscando soluciones, que los sentimientos son normales, que no se
asusten.

La expresión de los sentimientos por parte de los adultos pasa así a ser un modelo para las
niños. Muchas veces a los niños les ayuda saber que los padres, al igual que ellos,
experimentan diferentes emociones. Que tener estas emociones y poder conversar sobre ellas
es parte de la vida cotidiana. Que es normal sentir pena si nadie quiere jugar con él en el
recreo, tener rabia si le pierden sus cosas, estar contento si lo invitan a un cumpleaños,
sorprenderse si se saca una buena nota, asustarse si sueña con situaciones angustiantes. Que
en fin, los sentimientos son parte de la vida y que expresarlos nos ayuda a que otros nos
entiendan.

Pero de todo lo mencionado lo más importante es que no debemos olvidar nunca expresarles
día a día, de una manera clara y directa a nuestros hijos, que los queremos tal cual son; que si
tratamos de modificar algunas conductas o de mostrarles otro lado de una situación o actitud
es porque realmente creemos que es en su beneficio, o sea que lo hacemos por el gran amor
que le tenemos.
Hay veces en que la confusión de los sentimientos en los niños les dificulta su quehacer
cotidiano. Algunas claves aparecen en el artículo Los padres y la disciplina, pero podemos
agregar que:
# si un niño llora demasiado,
# si el malhumor es su estado más frecuente,
# si es un niño demasiado irritable,
# si tiene trastorno del sueño y/o de la alimentación,
todo apunta a alguna dificultad que requeriría de mayor apoyo.
No debemos sentir vergüenza porque nuestro hijo requiere apoyo del profesor, del
psicólogo(a) del colegio, o de otro. Debemos sentirnos orgullosos de estar abiertos a
ofrecerles lo mejor que podamos a estos pequeños que son nuestra mayor fuente de esperanza
y alegría.
 
 

adolescencia

ADOLESCENCIA
En señal de la madurez sexual de una niña realizan un ritual de cuatro dias cantando desde la aurora hasta el amanecer.

LA PUBERTAD
Es la llegada de la madurez sexual, se considera como el comienzo de la vida adulta.
Nosotros reconocemos entre la infancia y la vida adulta una etapa de desarrollo de transición conocida como adolescencia.
La adolescencia comienza más o menos de los 12 a los 13 años y termina un poco antes o un poco después de los 20.
La primera etapa es anunciada por inconfundibles cambios en el cuerpo la segunda está seguida por el desarrollo socialmente definido.

MADURACIÓN EN EL ADOLESCENTE DE LA PUBESCENCIA A LA PUBERTAD
Los cambios biológicos que señalan el fin de la infancia, son el rápido desarrollo fisiológico, alteraciones en las proporciones del cuerpo.
La progresión desde la pubescencia hasta la pubertad.

jueves, 21 de octubre de 2010

¿Cómo puedes hablar sobre los sentimientos?

Una vez hayas decidido con quién quieres hablar, necesitarás elegir un lugar y un momento adecuado para hacerlo. ¿Debería ser un lugar recogido, o puedes hablar con tus hermanos en la sala de estar? Eso dependerá de tus preferencias, pero es importante que escojas un momento y un lugar en que podáis hablar tranquilamente sin que nadie os interrumpa. Si crees que te va a resultar difícil decir lo que tienes en la cabeza, anótatelo en un trozo de papel. Si la persona no entiende a la primera lo que intentas contarle, prueba a explicárselo de una manera diferente o ponle un ejemplo de lo que te preocupa o molesta. Si hay algo que crees que podría mejorar las cosas, explícaselo también.
Algunos niños -al igual que algunos adultos - son más introvertidos que otros. Esto significa que hay algunas personas que son más tímidas y les cuesta más compartir sus sentimientos. No es preciso compartir con los demás todos y cada uno de los sentimientos que tenemos, pero es importante que lo hagamos cuando necesitamos ayuda. No puedes solucionar tú solo todos tus problemas. A veces necesitarás ayuda. Y, entonces, hablar sobre cómo te sientes puede ser el primer paso para obtenerla.


Por qué hablar sobre los sentimientos?
La forma en que nos sentimos por dentro es importante. Puede ser muy duro no explicarle a nadie que estás triste, preocupado o enfadado con alguien. Entonces, estarás tú solo con esos desagradables sentimientos. Y, si te lo guardas todo para ti, ¡podrías llegar a ponerte enfermo!
Pero, si hablas con alguien a quien le importas de verdad, como tu madre o tu padre, lo más probable es que empieces a sentirte mejor. Ya no estarás tú solo con tus problemas y preocupaciones. Eso no significa que tus problemas y preocupaciones vayan a desaparecer como por arte de magia, pero por lo menos habrá alguien más que sabrá qué es lo que te preocupa o molesta y que podrá ayudarte a buscar posibles soluciones.
A tu madre y a tu padre les importa lo que te ocurre y les interesa saber cuándo tienes problemas porque te quieren y quieren saber lo que está pasando en tu vida. Pero, ¿y si no quieres explicárselo a tus padres? En tal caso, siempre puedes buscar a otro adulto de confianza, como un pariente o el psicólogo escolar. Tal vez esa persona pueda ayudarte a hablar con tu madre y/o tu padre sobre lo que te preocupa.